VISIBLES E INVISIBLES
Los heterosexuales son heterosexuales (parece una perogrullada pero no lo es), los homosexuales no se sabe que son.
Pues es así. Resulta que hace poco pillé el Semanal de La Voz de Galicia (y tantos otros periódicos) y, casi sin darme cuenta, me enteré de que los tres reportajes de hombres a los que se dio entrada en el número airean su heterosexualidad como sin querer la cosa.
Empiezan por un torero, José Mari Manzanares, que qué va a decir sino que tiene novia, no le queda otra. Y no le debe bastar porque sale (como es tan usual hoy en día entre los machos que viven del espectáculo) enseñando pezones y calentando coños y otras cosas.
Siguen con un actor ya fallecido, Paul Newman, y la sexualidad hetero supura las páginas del reportaje.
Otro señor, que debe ser famoso por algo pero que a mí me lo mencionan y me quedo tan frío. Pues eso, hetero porque si no fuera por su mujer…. patatín, patatán.
Más artículos. Gana el Míster España (chuga foto la que tengo) que lo va a ser para el año 2010 y como titular lo mucho que le gustan las mujeres.
La coronación de la heterosexualización es cuando El Mundo nos presenta los “trofeos de caza” de los jugadores del Real Madrid y el Barcelona. Y qué va a ser sino, también churris, porque otra
cosa no debe ser (poder puede, pero deber no debe). ¡Alto! Cuidado que igual me equivoco ya que nos dicen que el Guti se ligó un cuerpo con rabo (Bibiana Fernández) pero su honorabilidad (y la del fútbol español) está a salvo porque puede suponerse que no fue más allá de sus tetas.
Ahora pasas al cotarro gay y salvo cuatro excepciones (alguna vituperada como es el caso de Boris Izaguirre por hacer constante mención de “mi marido”). Sería gracioso encontrar un hetero que como Cantizano tratase de disimular su sexualidad para no defraudar a la audiencia. Canti, venga dilo ya, que tus fans preferenciales, la tercera edad, te va a querer igual.
Y si llegas al cotarro gay de Galicia la cosa ya no tiene nombre. Hago prospección arqueológica entre los papeles de mi mesa de estudio y me encuentro con el lote de “Relatos de verán” de “La Voz de Galicia”. Son muy cortos, en tres minuto lees cada uno. Los escriben el común de los mortales, ciudadanos de a pie y la estadística es meridiana: 24 ocasiones en las que se refleja las circunstancias de vidas heterosexuales; 0 ocasiones en las que se ponga en evidencia la existencia de la homosexualidad. Incluso hay un relato que no deja de tener cierto toque homófobo cuando describe a un monstruo que es hombre y mujer a la vez porque, está claro, aglutinar los dos conceptos en un solo ser no puede generar otra cosa que una monstruosidad ¿verdad?



















































