XOSÉ ANTÓN FRAGA LLEVA 50 AÑOS DE RETRASO… MENTAL
Me olía a podrido y no me falló el olfato.
Se anunció en prensa la entrega de los Premios Científicos “Prisma” de los Museos Científicos de A Coruña y para allá que fui pues el título de los documentales galardonados me pareció que iba a dar mucho de sí: “Descubriendo el comportamiento animal”.
Y así fue. Sexo, sexo, sexo y fornicio. Eso es lo que más se vio en la serie de pequeños documentales que recibieron el premio. Una araña hembra que folla con un macho y si puede se lo come, libélulas que no paran de joder (en el sentido literal de la palabra) y un ciervo que nos enseña un pollón en el momento que se folla a una cierva. Todo esto son, sin lugar a dudas, acontecimientos del mundo natural. Eso sí, discrepo rotundamente con la palabra “Descubriendo” que forma parte del título genérico de estos documentales, la verdad es que todas estas cosas estaban bastante vistas y descubiertas, la única novedad debe estar en que, por primera vez, es producción española la que nos enseña estas “guarrerías” (y sabéis que para mí usar esta palabra denigrante es pura ironía, me parece bien que se haga).
En cualquier caso lo importante es que todo este fornicio se presentaba ante niños de cualquier edad y adultos. Luego le pides a Xosé Antón que incorpore datos del comportamiento homosexual en el mundo animal que contribuirían a desterrar prejuicios sobre este tipo de prácticas sexuales, extrapolando la naturalidad de las mismas al ser humano, y te mandan a tomar por el culo porque políticamente no les interesa defender los derechos de los gays y lesbianas ante la sociedad.
Ironía: estos días también se darán charlas sobre la biología de los insectos en estos museos. También fue estudioso de los insectos Alfred Kinsey, el autor del mayor estudio sobre sexualidad humana redactado jamás. En el se desbancó la idea de que la homosexualidad es algo realmente anecdótico, extemporáneo y pecaminoso. Quizás, con 50 años de retraso, tengamos que esperar todavía a que este mismo científico que charla sobre insectos en A Coruña, elabore un estudio equivalente al de Kinsey para que se pueda hablar de homosexualidad en nuestros museos.
Os presento dos imagenes de tíos en pelotas que, a mi entender, son menos agresivas que las expuestas a los ojos de los niños en La Domus, y lo hago para poder “picar” los links de más tirón en la red, los de sexo.

Otra curiosidad. Después de ver estos documentales me quedé a ver una película 3D sobre monstruos marinos del año de la polca. El efecto 3D está bastante bien conseguido pero lo sorprendente de la misma es la crueldad conque se presentaban los acontecimientos ante un montonazo de niños pequeñísimos. Los monstruos feos y malos se comían a los padres y hermanos del bichito más encantador de la película: ¡que fuerte! ¡humanizar la idea de que se coman a tus padres y hermanos!
La conclusión es que para la heterosexualidad la “manga ancha” de los responsables de los museos (técnicos y políticos) es realmente anchísima y cuando se les pide tratar el tema de la homosexualidad se les vuelve “estrechísima”. Querido Xosé Antón, si tanto miedo nos tienes a los gays, aprieta el culo pero afloja la manga que lo que te pedimos no es que nos des tus favores sexuales sino tus “favores” intelectuales a beneficio de la felicidad de mucha gente que sigue creciendo con muchos traumas por ser homosexual.

Es fresquito el artículo de El País Semanal que presenta un aspecto singular de los simios. En el se nos presentan con una serie de cualidades muy humanas, como bien se puede leer en el titular. A mayores de estos aspectos también se puede apuntar que algunas especies mantienen relaciones homosexuales que, evidentemente, están al margen del sentido de la reproducción (esto que digo está suficientísimamente documentado científicamente). En los museos científicos podrían aprovechar esta realidad para defender la base NATURAL de la homosexualidad. Pero no, nuestros museos nos presentan a los primeros homínidos (poco más o menos, simios) como familia heterosexual y hasta ahí les llega la inteligencia. Bueno no, les da para montarse una interesante exposición titulada “El príncipe y la sardina” (supongo que la sardina era hembra) motivada en una expedición científica hecha por el príncipe de Mónaco a las rías gallegas hace cosa de un siglo. ¡Si por lo menos hubiesen convocado para su inauguración, y en calidad de maricón, al actual príncipe de Mónaco!
El primatólogo Cristopher Boesch, del Instituto Max Planck de Leipzig, es la fuente que documenta el artículo de El País.